La mujer palentina viste la banda dorada como reconocimiento a su valor

La historia de la mujer palentina forma parte de una de las gestas más singulares de la historia medieval española. Lejos de los tradicionales relatos de guerras libradas solo por hombres, este episodio sitúa a las mujeres de Palencia como protagonistas activas en la defensa de su ciudad durante una crisis militar en la Castilla del siglo XIV. 

Como reconocimiento a su valor y entrega, el propio rey Juan I de Castilla les concedió un privilegio único: el derecho a portar la banda dorada, un símbolo reservado únicamente a los caballeros.

En este post te contaremos la historia de la mujer palentina, su papel en la defensa de Palencia, y el significado histórico y cultural de la banda dorada, un emblema que ha perdurado como seña de identidad de las palentinas.

En el corazón de Castilla, la ciudad de Palencia conserva un episodio singular que desafía los roles tradicionales asignados a las mujeres en la Edad Media, y esta es su historia:

En el año 1371, el duque de Lancaster, Juan de Gante, hijo del rey Eduardo III de Inglaterra, contrajo matrimonio con Constanza de Castilla, hija de Pedro I el Cruel. A través de esta unión, el duque reclamó la corona de Castilla, que ya estaba en manos de Enrique II de Trastámara, medio hermano bastardo de Pedro I, tras la guerra civil castellana.

Durante la década de 1380, la Península Ibérica se convierte en escenario secundario de la Guerra de los Cien Años, con Inglaterra y Portugal por un lado, y Castilla y Francia por otro. En este contexto, el 25 de julio de 1386, Juan de Gante desembarca en Galicia con un ejército anglo-portugués con la intención de hacer valer sus derechos dinásticos.

Hacia el año 1387, mientras el rey Juan I de Castilla y su corte se hallaban desplazados, muchas localidades castellanas fueron amenazadas por la ofensiva, como Benevente, Valderas y Villalpando. Juan de Gante ve oportunidad de conquistar Palencia, ciudad que, por su posición estratégica entre León y Valladolid, representaba un objetivo valioso para los intereses anglo-portugueses.

Es en este contexto, cuando el duque de Lancaster avanza hacia Palencia, la ciudad se hallaba prácticamente desguarnecida, puesto que casi la totalidad de sus tropas y hombres habían marchado a reforzar la defensa de Valderas y Villalpando, plazas estratégicas cercanas a León.

Según distintos cronistas e historiadores, las mujeres palentinas, ante la amenaza de las tropas del duque de Lancaster se organizaron rápidamente para ocupar las murallas, hacer sonar trompetas, mostrar pendones y simular una fuerza militar suficiente para disuadir el ataque enemigo.

De esta forma, las mujeres lucharon y engañaron al enemigo, logrando evitar la invasión y toma de la ciudad, cambiando así el destino de Palencia y de Castilla, puesto que esta derrota por parte de las tropas anglo-portuguesas contribuyó a una reafirmación de Juan I en el trono y llevó a la firma del Tratado de Bayona en 1388. Mediante la firma de este tratado Juan de Gante, Duque de Lancaster renunciaba a todas sus aspiraciones al trono de Castilla, terminando así con un problema sucesorio.

Teniendo en cuenta el contexto histórico-social, las mujeres palentinas rompieron moldes, traspasando todos los límites de género del sistema estamental medieval, puesto que nunca antes las mujeres habían asumido un papel defensivo de una plaza acotado únicamente a los hombres.

Como reconocimiento a esta gran gesta, en 1388, Juan I de Castilla (que reinó desde 1379 hasta su muerte en 1390), otorga a las mujeres de Palencia el privilegio de portar una banda dorada sobre sus mantos y tocados. Este privilegio, consistía en que las mujeres podrían usar: la  banda dorada como los caballeros de la Orden de la Banda.

Placa conmemorativa en reconocimiento a las Mujeres Palentinas que se encuentra en el atrio del Ayuntamiento de Palencia

La Orden de la Banda, fue creada en 1332 por Alfonso XI (abuelo paterno de Juan I de Castilla) y era una de las más prestigiosas de Castilla, reservada a la nobleza leal. La banda era un símbolo de distinción, lealtad y valor, y su uso estaba prohibido para personas no designadas por el rey.

Que este símbolo fuera otorgado a un colectivo de mujeres no solo era inédito, sino revolucionario: implicaba reconocer honor público y estatus de mérito a mujeres comunes, muchas de ellas ni siquiera de linaje noble.

Durante siglos, la banda fue portada con orgullo por las mujeres palentinas en actos religiosos y festivos. Con el tiempo, fue cayendo en desuso, al haber sido concedida a caballeros pobres y a mujeres, por lo que la nobleza deja de considerarla un privilegio (puesto que al final terminan portándola personas que ellos consideran de «segunda»). Pero con el auge de los trajes regionales en los años 40 o 50 vuelve a cobrar protagonismo, y es cuando se le añade la escarapela morada, hasta nuestros días.

Lo que está claro es que, detrás de ese trozo de tela dorada, hay una historia poderosa que merece ser contada, compartida y recordada.

Por ello, desde ¡Vamos Palencia! queremos poner en valor la historia de la mujer palentina y la banda dorada, puesto que constituye un hito histórico singular el hecho de que mujeres en la época medieval defendieron su ciudad y obtuvieron un símbolo de honor reservado a los varones.  Por ese motivo, para las elecciones municipales de 2023, llevábamos en nuestro programa la celebración del Día de la Mujer Palentina como un día festivo que sirva para reconocer este hecho histórico y como recurso dinamizador del turismo y la economía local.

Puedes escuchar la charla con el historiador palentino Javier de la Cruz sobre la Mujer Palentina.

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