También conocida como Virgen de la Calle o la Morenilla
Cada 2 de febrero, la ciudad de Palencia celebra la festividad de Las Candelas, en honor a su patrona, la Virgen de la Calle, conocida también como La Morenilla debido al color oscuro de su imagen. Esta advocación mariana, venerada desde hace siglos, tiene una profunda conexión con la historia y el corazón de los palentinos.
Actualmente también se ha vinculado esta festividad con la tradición gastronómica y el folklore de Palencia.
Una imagen de gran valor artístico
La Virgen de la Calle es una obra maestra de la escultura religiosa, que data del siglo XV. Se trata de una talla de madera policromada que representa a la Virgen María con el Niño Jesús en brazos. Mide 41 cm de altura sin la peana y, a lo largo de los siglos, ha sido objeto de gran devoción y admiración. También se le atribuye la capacidad de obrar milagros como así afirmó el obispo de Segovia, Tomás Moratinos, quien en 1680 envió una carta al deán de Palencia en la que le cuenta que cuando estuvo estudiando en Palencia recibió el favor de la Virgen al curarle de una gravísima enfermedad.
En el siglo XVIII, se añadió a la imagen un conjunto barroco formado por cuatro ángeles que sirven de apoyo para las andas y peanas, creando una estampa aún más majestuosa. Sin embargo, lo que realmente destaca en la Virgen de la Calle es la corona que ostenta, realizada por el prestigioso taller de orfebrería Maese Calvo. Esta corona es considerada milagrosa por muchos devotos y es uno de los símbolos más representativos de la ciudad.
La segunda corona o aureola que rodea hoy a la imagen fue restaurada y renovada por el joyero artesano palentino Román González Rebollar en el año 1991 cuando el párroco de aquel entonces Jesús Espinosa sugirió a las camareras y mayordomos de la Cofradía de Nuestra Señora de la Calle llevar a cabo esa iniciativa y además encargar dos nuevas coronas, una para la Morenilla y otra para el Niño.
De ésta manera el 31 de agosto de 1991 al tiempo que se instalaba la restaurada aureola del S.XVII, la Virgen y el Niño estrenaban nuevas coronas también encargadas al mismo joyero. La colocación de dichas piezas se hizo de forma discreta y sin parafernalia ninguna, de forma sencilla.
Ambas coronas se elaboraron en plata, la de la Virgen con un peso de 238 gramos cuenta además con engarces de rubíes y zafiros donados por los feligreses a la parroquia. Tiene unas medidas de 11,5 cm de alto y 10,5 cm de diámetro. La corona del Niño, de menor tamaño, tiene un peso de 53,5 gramos y mide 5,70 cm de alto y 4,40 de diámetro.
Según relata el joyero, recibir este encargo le hizo mucha ilusión por ser para la patrona de Palencia y le llevó mucho tiempo al tener que compaginarlo con su habitual ocupación. Le fue encargado por la camarera mayor, en aquel momento, Lola Calderón. Como anécdota, señala, que periódicamente pasaban por su tienda las camareras de la cofradía para interesarse por los avances del encargo.

El templo que acoge a la Virgen de la Calle
La imagen de la Virgen de la Calle se conserva en la Iglesia de Nuestra Señora de la Calle, conocida popularmente como La Compañía por su origen jesuita. Este templo fue fundado a finales del siglo XVI por la Compañía de Jesús y, tras la expulsión de los jesuitas de España en el siglo XVIII, la iglesia fue convertida en parroquia y santuario de la Virgen. El edificio sigue un modelo renacentista y se caracteriza por su planta de cruz latina, con una nave central y varias capillas laterales. En su interior, destaca la presencia de numerosos altares de los siglos XVII y XVIII.
La leyenda de la Virgen de la Calle
La devoción a la Virgen de la Calle está acompañada por una leyenda popular que ha sido transmitida de generación en generación.
Según cuenta la tradición, un panadero poco devoto de la religión estaba preparando el horno para cocer pan una mañana muy temprano. Tras varios intentos fallidos de prender un tronco en el fuego, enfadado lo arrojó fuera de la casa, a la calle. En ese momento, un gran trueno resonó y una voz dulce y suave dijo: “Puesto que a la calle me tiras, de la calle me llamaré”. Al mirar el tronco, el panadero vio que aparecía la cara de la Virgen, de ahí el nombre de La Virgen de la Calle y su sobrenombre de La Morenilla, debido al color oscuro del tronco quemado. Asustado, avisó a su mujer y llevó la imagen al convento, donde fue dedicada a Nuestra Señora de la Calle.
Otra versión de la leyenda sostiene que la Virgen fue conocida como «La Calle» porque su imagen estuvo durante mucho tiempo en una hornacina exterior del templo de Nuestra Señora de las Candelas, en la calle de San Bernardo, donde los fieles rezaban ante ella cuando no podían ingresar al templo.
La coronación canónica de la Virgen de la Calle
En 1947, el Papa Pío XII, mediante un breve pontificio, proclamó a la Virgen de la Calle patrona de la ciudad de Palencia, un reconocimiento que había sido buscado por los fieles palentinos desde tiempos antiguos. Ese mismo año, se erigió la cofradía de la Virgen, y la devoción a la imagen creció enormemente.
Francisco Javier Lauzurica y Torralba, Obispo de Palencia entre los años 1943 y 1949, fue quien promovió ante Pío XII la declaración de patrona de Palencia de la Virgen de la Calle. El día 16 de abril de 1949 fue trasladado a la sede episcopal de Oviedo, y no pudo ver como obispo de Palencia su deseo cumplido. Años más tarde, en 1952, su sucesor y obispo de Palencia, José Souto Vizoso, recogió la idea de Francisco Javier Lauzurica y Torralba y promovió la coronación canónica de la Virgen.
Para ello, se organizó una suscripción popular entre los fieles para recaudar fondos y realizar una nueva corona, utilizando donativos en dinero, joyas y piedras preciosas. La corona fue diseñada por el orfebre Maese Calvo, quien inspiró su trabajo en el estilo gótico florido. Finalmente, el 8 de junio de 1952, la Virgen fue coronada canónicamente en una solemne ceremonia presidida por el nuncio de su santidad en España, Monseñor Cicogniani, con la presencia de numerosos obispos, autoridades civiles y miles de fieles.
La coronación de la Virgen de la Calle no solo fue un acto religioso, sino también un símbolo del amor y la devoción de los palentinos hacia su patrona. La corona que adorna a la Virgen es mucho más que una pieza de orfebrería; es el reflejo del cariño profundo de una ciudad que considera a la Virgen de la Calle como su protectora y guía espiritual.
La imagen de la Virgen, así como su coronación, son un testimonio de la fe y el compromiso de Palencia con su historia y su tradición religiosa. Hoy en día, la Virgen de la Calle sigue siendo un referente en la vida espiritual de la ciudad, y su fiesta el 2 de febrero es uno de los eventos más significativos del calendario litúrgico y festivo palentino.
Todo aquel que desee admirar más de cerca la belleza de la corona y la imagen de la Virgen pueden visitarla en el Museo Diocesano, donde se custodia este precioso símbolo de la devoción palentina. En cada detalle, se refleja el amor de la ciudad por su patrona, La Morenilla o Virgen de la Calle.
